Mi psiquiatra es una lata de Coca-Cola light que lleva en la misma esquina de la habitación no se sabe cuánto tiempo.
Como está al lado de las puertas del balcón y al lado de la cama, y al lado de la mesa (qué cuarto tan pequeño) la veo a todas horas a no ser que cierre los ojos.
Por orden del psiquiatra escribo aquí, como si fuera un diario, aunque hoy no tenga nada que decir.
La lucha es dura, la comida mucha y tentadora, muy fácil de meter y muy difícil de vomitar.
Lo triste es que tenga que vomitarla : si no la comiera no tendría que hacerlo, así que si me incomoda vomitar no debería comer.
Deberia motivarme un poco más para terminar de poner en practica el método de reducción.
De hecho, voy a ponerlo en el grupo ahora mismo
"Metodo de reduccion" a ver si asi me animo un poco a seguirlo.
Mañana es un dia de ayuno, porque mis padres comen fuera. O sea, que podre no comer. ¿podré no cenar?
Depende ... mierda. Depende. Joder. Joder. Joder. Joder.
Nathalie Oh! llama a su amiga. Ella vendrá en su ayuda. Líquida, se escurre, garganta afuera.
No importa. El ayuno vendrá pronto. Poco a poco. Paso a paso.
La victoria se acerca.
Esta guerra comenzó hace algunos años, allá por diciembre de 2001. La provocó una fatalidad que traería consigo muchas desgracias, entre ellas esta.
Pero yo no pienso que ésta sea ninguna desgracia. Es una guerra justa entre un poderoso enemigo y un ejército de vagos, traidores, disidentes y desertores.
He ganado pocas batallas. La primera fue una batalla naval, durantes las navidades de ese año. Hacía mucho frío y había mucho humo. Fue corta, de unos 20 días de camapaña.
La siguientes batallas no fueron muy grandiosas. No parieron héroes ni grandes gestas.
Fue en Diciembre de 2004 cuando se alzó la más grande batalla que he librado nunca, la batalla de Alma, que duró hasta febrero y cuyas crónicas se publicaron clandestinamente y nunca vieron la luz.
Ahora, casi un año después, esa batalla sigue en pie. Y pienso continuar luchando.
JORNADA 1
La campaña se comenzó el 26 de octubre del presente año, interrumpida dos semanas después por algunas traiciones que truncaron las planificaciones.
Hoy, cinco días después, he comenzado a mover los ejércitos de nuevo.
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La merienda ha sido una tentación poderosa. No iba a merendar, pero me he tomado un vaso de leche con chocolate, dos pedazos de pan con embutido de chorizo, dos magdalenas, un puñado de cereales.
A los 13 minutos he vomitado. No habré eliminado todo, estoy más que segura. ¿Saben cuánto tardan en digerirse las acelgas? ¡Es impresionante! Comí acelgas a medio día y aún estaban ahí, saliendo por la boca hacia lo hondo del inodoro.
¡¡ Qué hacer con la cena !! ¿¿Qué haré, madre mía??
¿¿¿ Podré acaso alegar que ya cené fuera???
¿Podré mentir?
Si esto fuera un duelo entre el enemigo y yo tendría más que ganada la guerra : igualdad de condiciones, libertad de alma. Yo, ella. La victoria suprema sería mía.
El problema de esta guerra es la clandestinidad en que se desarrolla, el secreto, las conspiraciones que se traman contra mí. Mi madre. La obligación de comer.
Ojalá eso fuera asunto mío. Mi felicidad depende de ello y no me dejan ser feliz. ¿Por qué es tan injusto?